Cuantas veces habremos escuchado y seguido al pie la la letra, el aforismo “hay que acabar siempre en positivo”

Creo que una frase tan manoseada como esta, da pié a que nos paremos un momento sobre ella y hagamos una reflexión.
¿Es esta premisa aplicable a todo tipo de entrenamientos ? ¿Tiene algún sentido o explicación lógico-científica ?
¿Se trata de una costumbre o tradición implantada, sin que nadie sepa realmente en que principio se basa ?
Si tomamos la estructura de la conducta, en la que las consecuencias son los motores de los comportamientos, si la analizamos de cerca, parece que esta frase no tiene mucho sentido.
Si el animal ofrece una conducta adecuada y con un alto nivel de performance, no parece ser la mejor opción acabar un entrenamiento en el que esta disfrutando de recibir estímulos apetitivos, como refuerzo a conductas que desarrolla.
Acabar una sesión significa, literalmente, “ fin del chollo” para el individuo que está siendo entrenado; fin de los apetitivos, por tanto, en algunos casos, el finalizar la sesión puede tener el efecto de castigo negativo y ser contingente a la ultima conducta  (aquella que supuestamente queríamos potencia finalizando la sesión
Resultado : la ultima conducta relativa al mas alto performance, no se vuelve a presentar la próxima vez.
Quizá deberíamos acabar en tiempos establecidos y no perdernos en la necesidad de acabar cuando el performance es el mas adecuado; quizá deberíamos desvanecer la sesión de tal manera que el corte no sea abrupto; quizá una leona no tenga en cuenta si la ultima vez que ha intentado cazar en el día ha sido reforzada o no; quizá esto no implique nada en sus futuros comportamiento de caza.
¿No es el numero de ensayos reforzados lo que realmente influye?
Obviamente si
¿Entonces? ¿por qué existe este aforismo, del que pocos pueden escapar ?
Históricamente, el adiestramiento de animales o la educación de los niños, llevaba consigo, una dosis muy importante de aversivos que se utilizaban durante el proceso de aprendizaje, a fin de que los individuos escapasen de ellos y después evitasen estos.
 Las conductas han sido siempre, en gran medida, “enseñadas” en base a refuerzos negativos.
Por la presencia de aversivos en el contexto de entrenamiento, se generaban asociaciones bastante desagradables para el sujeto; por lo que, acabar con esta situación de desagrado que generaba la sesión, consistía en si, una gran liberación y por tanto, un posible gran reforzador.
Por ello, la idea de  acabar cuando el animal ofrezca un buen nivel de performance, tenia sentido en ese momento, pero no cuando entrenamos con refuerzos positivos.
Seguro que tiene que ver también, con la conceptualización humana de lo que significa el trabajo y sus contextos; estímulos condicionados de manera absurdamente aversiva, desde que el hombre es hombre, y existen dos clases , los que trabajan y los que mandan.
Todavía existen en nuestras cabezas asociaciones que otros crearon en la Revolución francesa o en La Revolución industrial,de tal manera que, cuando miramos el microondas de la oficina nos transportamos a las fabricas del siglo XIX o el gato de la jefa nos recuerda al canario de los mineros que les advertía de la presencia de grisú .
El trabajo es un concepto tan incorrectamente condicionado, que muchos, absurdamente consideran, que el tiempo que pasamos trabajando, es directamente proporcional a nuestro grado de estupidez.  Fantaseamos, ridículamente, con refuerzos tales como dejar de trabajar si nos toca la primitiva o si se diera cualquier situación no traumática que propiciase dejar de trabajar o trabajar menos.
Por esto, y por mucho mas,  nos cuesta concebir que un contexto de trabajo pueda ser apetitivo y por ello trasladamos este paradigma a las situaciones de entrenamiento de nuestros animales
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Volvamos a la situación de entrenamiento:
Si durante un entrenamiento, en el que, los refuerzos que utilizamos son principalmente positivos, tras un aumento de criterio o performance adecuado, acabamos la sesión, es muy probable que se establezca algun tipo de relación con respecto a un determinado performance y la finalización del contexto que estaba asociado de manera muy apetitiva.
Aunque reforcemos la conducta emitida, la consecuencia posterior implica en este caso fin de los apetitivos.
Posiblemente,  estamos haciendo entender al sujeto que si presenta un performance de alto nivel,  este es castigado negativamente retirándole de la escena apetitiva.
Quizá, estemos entrenando sujetos a ser mediocres, no vaya a ser que…