Puede inicialmente que parezca algo incongruente: entrenar y reforzar conductas que queremos modificar.

Pero como siempre ,todo puede tener una vuelta de tuerca y posiblemente tengamos otro elefante en la habitación del que no somos del todo conscientes y podamos contar con una herramientas mas en nuestro ” Tool Box ”
.
Ultimamente ha aparecido alguna publicación en el que se mencionan las ventajas de poner las conductas que queremos modificar “on cue”, pero poco o nada hay de sustento teórico de este tipo de intervenciones; como tampoco hay apenas nada al respecto de como realizar este procedimiento.

Tomemos por ejemplo una conducta sustentada por un refuerzo negativo como destrucciones en el jardín por parte de un perro estresado, u otras actividades que pueda realizar un sujeto humano o animal como producto de la ansiedad.

Si tomamos estas conductas y hacemos un análisis funcional de las mismas, observaremos que están sustentadas por un refuerzo negativo y detonadas por discriminativo muy concretos. Partiendo de la funcionalidad de estas conductas, podemos asumir que muchas de ellas buscan escapar o evitar una desagradable sensación de ansiedad, provocada por múltiples factores.

Si bien es cierto, que siguiendo un procedimiento habitual, tendríamos mucho cuidado de no reforzar estas conductas y las someteriamos a procesos como la extinción, el castigo o la respuesta incompatible; en el post de hoy voy a proponer algo completamente diferente : el cambio de la funcionalidad de estos comportamientos.

Si partimos de que inicialmente son reforzadas negativamente, propongo pasar a un programa de entrenamiento a través del refuerzo positivo que aumente la ocurrencia de las mismas hasta que podamos introducir el control de estímulos.

El reforzar positivamente estas conductas inadecuadas, permite un cambio de la funcionalidad del comportamiento, pasando de ser una conducta que el animal desarrolla como manera de liberación de la ansiedad ( actividad sustitutiva reforzada negativamente ) a convertirse en una conducta entrenada que devenga un reforzador positivo como puede ser la obtención de comida.

Si durante el proceso de entrenamiento tenemos en cuenta la necesidad de condicionar claramente estas acciones a la presencia de determinados estímulos condicionados como la presencia del entrenador o de la comida, así como si llegamos al control de estímulos, identificando y seleccionando un estimulo discriminativo altamente específico que esté bajo nuestro control, muy probablemente la conducta no se volverá a dar en ausencia de los mismos ( entrenador, comida , comando o instrucción ) dado que ha cambiado su funcionalidad.

Por la experiencia que hemos acumulado entrenando este tipo de conductas a modificar y someterlas a control de estímulos, aun cuando quizá todavía nos falten mas casos y tiempo para ser concluyentes, puedo decir, que al menos resulta una alternativa muy a tener en cuenta por parte de un analista de conducta.

Por: Teo Mariscal ( Bocalán & The Dog Trainers Factory )