Tenemos el placer de contar para nuestro blog con la participación permanente de Ricardo de Pascual Verdú quien ocupara periódicamente este espacio para contribuir a poner en orden muchos conceptos erróneos que planean peligrosamente sobre el mundo del adiestramiento .  Acido , directo , sarcástico y lleno de fundamento; Ricardo enriquecerá sin duda este blog dedicado a entrenadores profesionales de animales , estudiantes de psicología , adiestradores en formacion y amantes de los animales que todavía no hayan sido contaminados por el movimiento Walt Disney y quieran seguir el procedimiento científico basado en el análisis de la conducta  . La conducta humana y animal se rige por los mismos principios , el resto es populismo

Ricardo de Pascual es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología de la Salud por la UAM y Máster en Terapia de Conducta por el Instituto Terapéutico de Madrid.

Compagina su trabajo de clínico y profesor de máster en el Instituto Terapéutico de Madrid con la coordinación de la revista Clínica y Salud (revista empírica del COP) y la investigación en la Universidad Autónoma de Madrid, donde estudia el proceso de cambio terapéutico dentro del grupo de investigación ACOVEO y termina su tesis doctoral. Ha publicado en diversas revistas y congresos.
En colaboración con Bocalán tutoriza el prácticum de Terapia Asistida con Animales que se oferta en la Universidad Autónoma de Madrid y que le ha valido el título de profesor honorífico de la misma; también participa ocasionalmente como docente en los cursos que oferta Bocalán.

Introducción by Ris

Como siempre que uno empieza algo nuevo, y a pesar de que sea redundante, hay que empezar por el principio. Y el principio son las presentaciones.
En esta columna quiero abordar, con rigor y –cuando el tema lo permita- algo de sentido del humor, una serie de temas que son recurrentes en el entorno de todos aquellos que, de una u otra forma, nos dedicamos a la modificación de conducta con animales no humanos y humanos.
Estos dos campos son por supuesto apasionantes y, cuando uno emplea su tiempo y su esfuerzo en ellos, tremendamente gratificantes. Pero son también muy complejos, engañosamente complejos. A un observador que no estuviera particularmente familiarizado con los detalles de la modificación de conducta le podría parecer que es algo sencillo, casi hasta demasiado sencillo: un error inmenso. Los que vivimos de esto sabemos que la realidad es muy diferente. Las complejidades de la modificación de conducta y su herramienta principal, el análisis funcional, se vuelven evidentes cuando uno tiene que aplicarlos a contextos complejos. .

El funeral eterno: ¡este muerto está muy vivo!

Es común leer, desde hace unos 40 años, que el conductismo ha muerto. Uno se encuentra con reacciones de sorpresa o incluso de franco desagrado cuando dice algo como “es que yo soy conductista radical” (o “me comporto como un conductista radical”, para ser más exactos). Incluso una vez un psicoanalista practicante me dijo que eso era algo “superado”, en el colmo de la ironía involuntaria. En las facultades de psicología, educación, trabajo social y demás disciplinas afines hay departamentos enteros que cantan con entusiasmo la cancioncilla de la muerte del conductismo, y esas mismas facultades y escuelas diploman todos los años promociones enteras de profesionales que se van con el estribillo pegado a ejercer su trabajo. Y sin embargo –parafraseando a Staddon-, a pesar de que los funerales se celebren con regularidad, con pompa y ceremonia incluidas, el conductismo sigue levantando la cabeza… o más bien, nunca la bajó del todo.
No es mi intención entrar en un recuento histórico de los motivos que llevaron a que algunos empezaran a lanzar la esquela y se la pusieran como bandera; eso sería francamente aburrido y se ha hecho muchas veces ya. Lo que sí quiero mostrar son los motivos por los que el conductismo como filosofía de la ciencia de la conducta, y esta última como conjunto de técnicas y conocimientos, ni está muerto ni es minoritario ni podrá serlo nunca. Parece raro, ¿verdad? Pues sigue leyendo.
A Rey muerto, Rey puesto
No hay corona sin pretendientes, y el conductismo tuvo la suya durante mucho tiempo. Se lo consideraba como la única alternativa seria, científica y coherente de entender el comportamiento en general (humano y animal), y eso suele despertar todo tipo de reacciones airadas. Otras escuelas buscaban el mismo tipo de legitimidad y apoyo social y oficial que tenía el conductismo, sin obtenerlo del todo (por el simple motivo de que ninguna de ellas podía competir en capacidad de predicción o explicación con él). Pero ocurre una cosa curiosa: los conceptos del conductismo son aparentemente sencillos, y para la gente no familiarizada con ellos se quedan cortos. Es decir, a menudo cuando se enseña a los alumnos cuáles son las bases de la modificación de conducta y los elementos que forman un análisis funcional (ya hablaremos de esto más adelante), su primera reacción es “¿y ya está?”. Como dije en la presentación, es engañosamente simple. Y para los legos en la materia se queda corto; ahí es donde entra la (mal) llamada psicología cognitiva, que añade sus conceptos de “esquema mental”, “planificación” y demás sin darse cuenta –o sin querer darse por enterada- de su perfecta inutilidad. Eso sí, estos conceptos parecen muy intuitivos, muy “bonitos”, y no requieren una formación amplia para entenderlos… Así que a la gente sin interés o sin formación le suenan “más completos”. La gente realmente se creyó aquello de que el conductismo “se dejaba cosas fuera” y era necesario meter más variables en la ecuación. Así que la psicología cognitiva (que luego fue llamada “cognitivo-conductual” en un malabarismo absurdo) reemplazó a la conductual como alternativa más común. Eso sí, el mundo del entrenamiento animal más o menos parecía seguir con su aire más conductual, por aquello que siempre halaga tanto el orgullo humano de que “con los animales sí vale porque son más sencillos”.
El día de la marmota
Sin embargo, esa transición parece no haber sido tan completa como pretendían originalmente los que la iniciaron. Cuanto más tiempo pasaba, más se daban cuenta de que entender el mundo y la conducta en términos de cosas que pasan “dentro” y que son incomprobables era, por encima de todo, poco productivo. Sus resultados a la hora de modificar la conducta son mucho menos espectaculares… por no hablar de que lo que hacen, en realidad, es introducir programas de refuerzo alternativos (algo de lo que también hablaremos largo y tendido). El conductismo, lejos de morir, sigue ahí, debajo de la piel de lo cognitivo-conductual. Aún más: como si fueran los irreductibles galos, un grupo nada minoritario de investigadores, clínicos y teóricos han seguido, ahora y siempre, resistiendo al invasor y continuando con su trabajo dentro del seno del conductismo radical; decir “grupo” en realidad da una idea poco acertada de lo que es en realidad, porque no es tan reducido ni tan sectorial como la palabra da a entender. El caso es que se sigue investigando, se siguen hallando resultados y se sigue trabajando en esa corriente. Y los que lo hacemos vivimos, como Bill Murray, en el Día de la Marmota, encontrándonos una y otra vez las mismas reacciones de sorpresa y hasta de indignación por nuestra postura teórica.
Siguiendo la estela
Puede que os preguntéis a qué viene todo este rollo sobre psicología en esta página, donde todo está relacionado con el entrenamiento animal. El motivo es el siguiente: la modificación de conducta (y el conductismo como filosofía) no se ciñe solo a la conducta humana. Toda la conducta de los organismos cae dentro de su esfera de influencia y de su interés. Todos los animales aprenden de la misma manera (que no es decir “con la misma facilidad” ni “con los mismos reforzadores”), y la modificación de conducta ha estado siempre muy interesada en el entrenamiento animal. A estas alturas es innecesario hablar, por ejemplo, de Pryor. Y por supuesto, recordemos toda la literatura que hay con estudios hechos con animales como ratas y palomas.
Pero claro, el mundo del adiestramiento es más heterogéneo que la psicología (si cabe). Al fin y al cabo no hay una formación reglada para dedicarse a trabajar con conducta animal: puedes ser etólogo por la vía de biología o por la de psicología, puedes ser psicólogo, puedes ser veterinario… Pero también puedes ser tornero fresador, médico, policía o experto en corte y confección. Esto lleva básicamente a que los movimientos académicos que en psicología se dan en diez años tarden treinta en darse en el mundo del entrenamiento animal. El llamado “adiestramiento en positivo” (un nombre un poco inadecuado, pero ya hablaremos de eso) llegó al gran público con décadas de retraso frente a los estudios que demostraban la mayor eficacia del refuerzo para controlar la conducta que de la estimulación aversiva, y eso a pesar de que se usaban en algunos círculos con regularidad. Y ahora surgen movimientos que dicen que el conductismo (que aparentemente no saben distinguir de la modificación de conducta) está obsoleto y que ahora lo bueno es lo cognitivo… Lo que sería cómico si no fuera tan trágico es que la mayoría de argumentos que se leen sobre esto son, siendo generosos, erróneos. Y por un simple motivo: porque parten de un profundo desconocimiento de lo que es la modificación de conducta y el conductismo. A eso le dedicaremos varias entradas, porque es un tema importante. Por hoy, terminemos con un pequeño resumen: señoras y señores, guarden los velos y los trajes negros. El conductismo no solo no ha muerto, sino que no puede morir por el sencillo hecho de que todos vosotros, sí, incluso los que decís que no, usáis métodos de modificación de conducta a diario con vuestros perros. Y con vuestras parejas, hijos, padres, amigos… La modificación de conducta, el análisis aplicado de conducta, sigue siendo la alternativa psicológica con más apoyo empírico y, por supuesto, la única (sí, he dicho única) alternativa razonable, lógica y correcta en el mundo del adiestramiento. No solo no estamos muertos, sino que seguimos trabajando y consiguiendo éxitos de los que importan: empíricos. Comprobables.
¿Alguien más puede decir eso?