Me gustaría hablar sobre uno de los procesos de modificación de conducta mas conocidos, así como uno de los que mas problemas presenta, cuando lo ponemos en práctica.
Me refiero al proceso conocido como extinción operante.
Procedimiento por el cual, la conducta deja de ser reforzada con el consecuente causante del mantenimiento de la misma, hasta que, por si misma, supuestamente desaparece tras un periodo de explosión de conducta y algúna renovación espontánea, que podemos anticipar
Hipotéticamente, este es un proceso relativamente sencillo y una vez aplicado el mismo, el llanto del niño desaparecerá, el ladrido del perro no se emitirá en ese contexto, o sus demandas de atención al llegar a casa, dejarán de existir mediante algo que parece tan simple, como mágico: ignorar su conducta y evitar el refuerzo de la misma.

Pero cuando pasamos del papel al contexto de aplicación, el panorama que se plantea suele ser muy diferente y esas conductas que se pretenden eliminar, no solo aumentan exponencialmente durante el proceso de explosión de conducta, sino que muchas veces se mantienen inamovibles en el tiempo, sin devengar aparentemente ningún reforzamiento.

La sensación es que en la práctica no funciona.

Tras darle vueltas al porcentaje tan alto de fracasos, cuando se usa exclusivamente  la extinción como procedimiento, he llegado a pensar que durante este proceso existe un cambio de la funcionalidad de la conducta, que aunque topográficamente se mantiene intacta, su funcionalidad sufre modificaciones automáticas, en función de las sensaciones que experimente el sujeto. La polarización de la funcionalidad de la conducta durante el proceso de extinción, es una hipótesis que me parece bastante plausible.
Tomemos como ejemplo el perro que salta sobre su dueño para recibir atención

Si inicialmente el objetivo podría ser conseguir estimulación del dueño, en base a un histórico de aprendizaje; una vez iniciado el proceso de extinción y no recibir el refuerzo esperado, el animal aumenta su tasa de respuesta ( extinction burst ) pero posteriormente, atendiendo a la teoría, esta conducta debería desaparecer de forma progresiva una vez superada esta explosión inicial; lamentablemente no suele ser así.

El posible malestar que le provoca esta ausencia de contacto puede estar poniendo en marcha un proceso topográficamente igual, pero funcionalmente muy diferente.

El deseo de conseguir una estimulación ( refuerzo positivo ), debido al malestar generado en una extinción posterior y la consecuente pérdida del reforzador, puede dar un giro completo, pasando la conducta a tener la función de una actividad de escape o evitación del aversivo que se ha generado en el animal, y que se detona tras la presentación de los Ec que estaban ligados a la extinción.

Es probable, que el animal use esta conducta relacionada con saltar sobre su dueño, como actividad que, por su misma  ejecución, rebaja la ansiedad o malestar instaurado durante la extinción (refuerzo negativo)

De esta manera, podemos explicar el motivo por el que gran parte de las conductas sometidas a un proceso de extinción, no llegan nunca a desaparecer; siendo este hecho derivado de que están sustentadas por un refuerzo negativo, que se obtiene mediante la ejecución de la misma.

Esto podría explicar de donde viene el fracaso de muchos procesos de extinción operante, algo que en un principio puede parecer escapar a toda lógica, pero que simplemente puede tener su explicación; ya sea porque que son conductas generadas por refuerzo negativo y por lo tanto de una extinción mucho mas compleja o cuya funcionalidad cambia durante la extinción.