Llevo muchos años dedicado a trabajar sobre la conducta y de forma habitual me encuentro con una separación irrelevante, entre la creación de conductas con el entrenamiento y la modificación de conducta en clínica del comportamiento; tanto es así, que tras pasar muchas horas con la teoría del aprendizaje, siempre me encuentro con alumnos que preguntan – ¿ Cuando empezamos con modificación de conducta ?

 Mi respuesta es siempre la misma – Ya empezamos el primer día
Si tenemos en cuenta, que no existen conductas inadecuadas “per se” sino indeseadas por quien tiene la sartén por el mango (véase la sociedad, la religión, la moral o el propietario de un animal) no podemos atribuir ninguna característica “negativa” a ninguna de ellas, siempre y cuando, sea adaptativa y no represente una alteración que atente contra los principios básicos de supervivencia de la especie.
La presentación de cada conducta, está sometida a la existencia de varios Ec, los cuales, en el caso de la conducta operante, se unen en un todo, para generar un estímulo discriminativo ( ED ) .
Evitando el craso error de ser simplistas ( incluso en comportamientos entrenados) el Estimulo Discriminativo no es un comando, ni una instrucción, sino la suma de muchos Ec que determinan inicialmente conductas automático/ reflejas y de cuyo sumatório aparece el ED que detonará una conducta motora o cognitiva.
Por lo tanto  los Ec como el contexto de aplicación resultan determinantes en muchas conductas.
Por otro lado, considerar que los animales son una “tábula rasa” sobre la que se asienta el aprendizaje, sería negar principios muy básicos de etología y evolución, como que los animales nacen con una carga conductual que les ha permitido sobrevivir en determinados contextos y en determinados momentos de su vida, sin necesitar de un aprendizaje previo.
Si no fuera así, los animales en estado natural no sobrevivirían; en la vida natural, brutal en si misma,  muchas situaciones no pueden depender de la experiencia; un error implicaría la muerte, ya sea a manos de un depredador,     arrastrado por una corriente de aire o por hipóxia dentro de un saco amniótico, que la madre primeriza no hubiera sabido, por ciencia infusa, abrir, sin que medie la experiencia.
Por lo tanto, cada animal nace con un código o repertorio de conducta concreto, que se presenta ante una determinada situación o estado fisiológico .
Cuando entrenamos, estamos siempre modificando conductas que se producirían de forma innata en ese determinado contexto o comportamientos deducidos por generalización de otros contextos, que pudieran ser similares para el animal y que nosotros queremos llevar a una discriminación.
Podemos afirmar, que todo entrenamiento lleva consigo una modificación de una conducta anterior, a través de una discriminación entre ese contexto concreto y otros relativamente similares.
Muchas conductas fueron adaptativas en el pasado, como lo fue quedarse inmóvil ante un depredador para no ser visto; pero hoy en día, el congelarse en un cruce porque viene un coche demasiado rápido, no resulta nada adaptativo y devenga una modificación de la misma, en ese preciso tipo de contextos que la evolución no ha llegado a adaptar, dado el avance vertiginoso y poco tendente a la adaptación, de la sociedad humana.

Alguien que haya visto como se comportan los conejos en el camino que va a Bocalán, cuando pasas con el coche, puede certificar que la especie todavía no está adaptada a la evolución de esta sociedad y que deberíamos considerar, si son suicidas los conejos, o si simplemente no están preparados para que existan coches que cruzan los caminos.

 

Tanto si estamos enfocados a modificar una conducta, como si lo que queremos es entrenar una nueva, estaremos haciendo lo mismo : reforzando unas para aumentar su ocurrencia y dejando de reforzar otras para que disminuya  e indefectiblemente desaparezcan .
Si miramos un elefante desde arriba, posiblemente veamos otra silueta que si lo miramos de frente; pero siempre estaremos mirando el mismo elefante…