Nuevamente, intentando darle la vuelta a la rosca mas de lo debido, vamos a puntualizar algunos conceptos que resultan de relativa importancia cuando analizamos un proceso de aprendizaje, ya sea con animales de dos o de cuatro patas; caminen, vuelen, naden o repten.

Cuando hablamos de refuerzos ¿ A quien o a qué estoy reforzando ?
Si bien, los individuos, personas o animales, son los responsables de la emisión una conducta y de las consecuencias que indefectiblemente esta genera (ya sea en forma de consecuentes apetitivos o aversivos), lo reforzado es siempre la conducta y no el sujeto en si, ya que es la ocurrencia de esta conducta la afectada, y no la existencia o supervivencia del individuo de la desarrolla.

No son nunca reforzadas las condiciones intrínsecas del individuo, sino una manifestación física o estrategia acertada y por ello son las conductas las que toman preponderancia en esta situación.

Tomando la conducta como una estrategia y con una entidad en si misma, resulta ella la merecedora y receptora de un refuerzo.

No obstante, el animal que genera una conducta reforzada también recibe una grata estimulación, ya sea por la adquisición de un apetitivo o por la evitación de un aversivo que genera malestar.

En resumen, que reforzamos una conducta y generamos bienestar a un individuo de manera paralela, pero por separado.

Podría parecer poco relevante, pero considero que es interesante plantearlo; ya que el verlo así, nos permite trabajar de una manera mas pragmática y exenta de contaminación.

El individuo no es bueno ni malo, ni tan siquiera es objeto principal del estudio, sino la conducta en si,  abordada como ente “per se”
Los comportamientos son analizados como vástagos con entidad propia de un ser físico que los emite; partiendo de esta premisa, podemos plantearnos de una manera mas concisa el potenciar, facilitar o extinguir aquellos productos conductuales de un emisor, sin entrar en el individuo en si.

En cuanto al sujeto en si mismo, al ser un ente receptor de apetitivos derivados de la emisión de una conducta en un contexto determinado, recibe una incidencia en su aspecto puramente “emocional” ( ojo que pongo emocional entre comillas ) que permite la asociación “positiva”, o no, de ese contexto de recepción, en base a los estímulos agradables que recibe.

Creo que es importante resaltar, que ese estímulo apetitivo en forma de recompensa incide de dos maneras diferentes en el animal y en la conducta, y es prioritario separarlos; en el caso del individuo, gestionando a través del condicionamiento clásico una determinada asociación emocional que permitirá la emisión de mayor tipo de respuestas en ese contexto y por otro lado en la conducta como ente, la cual en base a los refuerzos que reciba, será modificada, en uno u otro sentido
Modificaciones existen en ambos lados, siendo estas de manera “emocional” en el sujeto y de manera operante en el comportamiento emitido.
Haciendo esta separación, resulta mas fácil poder entender la conducta como un proceso o estrategia que evoluciona en base a reforzadores y que se va seleccionando a lo largo de la vida, y al emisor como ser dependiente de estados anímicos, permitiendo un mejor estudio de la interacción entre el individuo y la conducta que emite.