Lucas es un perro con una genética y un historial de aprendizaje que facilita que cuando se encuentra en una situación incomoda, la resuelva o intente resolverla, gruñendo y ladrando al intruso, seguramente para que este desaparezca de su vista.

Juan, un total desconocido para Lucas entra en el aula donde Lucas y su dueño están realizando un curso de educación canina. Inmediatamente después, Lucas gruñe agresivamente a Juan y su dueño le entrega un trozo de comida durante este proceso.
¿Hay algo que criticar en esta situación ?

A ojos de un profesional simplista, esta acción de Lucas se vería reforzada por su dueño al introducir un estimulo apetitivo después de que tenga lugar la conducta inadecuada; pero la realidad es que Lucas no aumenta este comportamiento en futuras ocasiones, sino que  claramente disminuye la ocurrencia e intensidad de este gruñido.

Ignorando esto, el profesional que imparte clases de educación canina reprende al dueño de Lucas argumentando que darle comida mientras gruñe sería reforzar ese comportamiento.
¿Donde está el error ?
 El único error parte del análisis de la situación por parte del profesional que reprende al dueño de Lucas; todo porque parte de una premisa errónea “ lo contiguo resulta contingente “ error notable, dado que, en este caso, implicaría pensar que el hecho de presentarse de manera contigua y consecutiva, otorgaría a este apetitivo la  funcionalidad de reforzador, lo cual no es cierto.
Teniendo en cuenta la rígida estructura antecedente- conducta- consecuencia , lo único que podría reforzar la conducta de gruñir, tendría obligatoriamente que estar basado en su funcionalidad, y por tanto, solo el hecho de que Juan salga de la habitación puede considerarse un refuerzo; partiendo de la base de que Lucas gruñe para alejar a Juan
Esta conducta sustentada por un refuerzo negativo (que Juan desaparezca) no puede ser reforzada por la comida,  ya que implicaría un cambio de funcionalidad y por lo tanto un estado fisiológico diferente (Miedo Vs. Expectativa de un refuerzo alimenticio)

Por ello, el hecho de introducir un elemento apetitivo diferente al que sustenta la funcionalidad de la conducta, en vez de reforzar esta, lo que hace es contra-condicionar el contexto,  vinculando, posiblemente, a través del condicionamiento clásico, la presencia de Juan con la aparición de una serie de apetitivos .

Por lo tanto, en vez de tratarse de un proceso operante en el que la comida juega el papel de reforzador , estaríamos vivenciando  un contracondicionamiento;  proceso por el cual, un estímulo apetitivo (en este caso comida) se presenta de forma contigua a la presentación del aversivo ( presencia de Juan ) de tal manera que este inhiba al aversivo y consiga, posiblemente, convertir a este en un elemento apetitivo, cambiando el efecto del Ec .

Por tanto, en mi opinión, resulta mas que plausible la introducción de este tipo de apetitivos, siempre y cuando, la respuesta inicial este basada en un refuerzo negativo y el apetitivo no pertenezca a la funcionalidad que inicialmente detona el comportamiento de Lucas.
Si conseguimos que la presencia de Juan se convierta en un Ec asociado a un apetitivo de alto valor, su “estado anímico” o respuesta condicionada será completamente diferente, y fácilmente la presencia de Juan perderá la funcionalidad como discriminativo de una respuesta agresiva.